LA SEMIOTICA y LA DESCRIPCION DE LOS OBJETOS LITICOS EN ARQUEOLOGIA

Giovanna Winchkler

(Trabajo presentado en el  66o. Encuentro Anual de la Society for American Archaeology; Simposio "Artifacts as Signs: Approaches to the Study of Meaning". New Orleans, abril 18-22, 2001)

 

El aporte de esta comunicación

El aporte que hoy me interesa comunicar y que deriva de la realización de un diccionario del uso de la terminología del análisis lítico en castellano, se refiere, por un lado, a la escasez de definiciones explícitas de los términos usados en los escritos arqueológicos y, por otro lado, a las diferencias en el uso efectivo de los términos, estén o no definidos explícitamente. Ello origina variaciones en el contenido semántico de algunos términos. Tales variaciones se hacen evidentes de una manera más inmediata, en lo que he podido apreciar en mi investigación, por el carácter predominantemente descriptivo de estos términos, que sin embargo, son fundamentales para la realización de las inferencias sobre acciones y procesos, elementos centrales del conocimiento arqueológico. Una descripción lo más ajustada posible y que no se preste a ambigüedades permite inferencias mejor fundadas. Considero que esas variaciones y la ambigüedad correspondiente, se deben a que, en general, se minimiza la relación entre el lenguaje y la construcción del objeto de conocimiento del análisis lítico y por consiguiente, la preocupación por cómo se usa la terminología tiene una importancia menor.

 

El diccionario de uso

El trabajo de realización de este diccionario, se basa en la aplicación del análisis del discurso y de algunos recursos de la terminología, a un corpus de escritos arqueológicos de diversos países de latinoamérica, hablantes del español. Se propone recuperar el uso efectivo de los términos en sus relaciones contextuales; el término "uso" se refiere aquí a esas relaciones contextuales y no prejuzga sobre el valor de una u otra relación contextual de un término dado. Junto con el uso más regular, se propone mostrar también las divergencias, tanto regionales, como locales y, aún, en textos individuales. Las divergencias no se resuelven en una síntesis normativa, sino que se muestra el uso efectivo de los términos, tratando, justamente, de evitar todo recurso a la normatividad. He preferido mostrar las diferencias, para que el eventual lector pueda evaluar las posibilidades de cada término en funcionamiento. Se relaciona con un estado del lenguaje tal como puede recuperarse a partir de determinados textos. La unidad terminológica mínima -el término, simple o compuesto- y el enunciado, en cuanto unidad sintáctica y semántica mínima, en el cual se relacionan los términos contextualmente y adquieren sentido, son los elementos básicos de la investigación.

 

Los tres tipos de discurso

Desde esta perspectiva, es posible, en lo que respecta al objetivo de esta comunicación, dar cuenta de tres distintos tipos de discurso que confluyen en el lenguaje del análisis lítico, cada uno de los cuales construye un aspecto diferencial de su objeto de conocimiento.

En primer lugar, el discurso arqueológico tiene una fuerte componente interdisciplinaria, al tomar de otras disciplinas términos y conocimientos. Necesita términos de la geología para hablar de las clases de roca, materia prima de los objetos líticos; de la geometría, para hablar de la forma de las piezas, de la botánica, la zoología y la anatomía utiliza algunas metáforas en iguales o distintos sentidos; de la física, toma los requerimientos de las puntas de proyectil en cuanto a la fricción aérea que deben soportar, etc. Los términos que pasan de esta manera a la arqueología, están ya definidos en su ámbito de origen, en el cual es probable que su significado esté precisado y fijado mediante definiciones, de manera más o menos formalizada. En su uso arqueológico, este significado puede o no cambiar. Pero en todo caso, al sacar el término del contexto técnico de la disciplina anterior, puede perder especificidad, o sea, de alguna manera, puede perder el rigor de su significado previo, al pasar a una relación más cercana a la del lenguaje coloquial, como es el caso de la arqueología y entonces ya no resulta aplicado en el nuevo dominio de manera coherente o eficaz.

Otro tipo de discurso es el que construye la descripción de los objetos líticos. Todo se describe en arqueología para poder comunicar; para poder comparar los objetos a partir de sus descripciones, para extraer inferencias o para explicar. Para ello, se necesita utilizar un lenguaje ya disponible en la dispersión de otros textos, a los cuales el arqueólogo añadirá, si resulta necesario, el que vaya creando, con términos y conceptos que se pueden ubicar en diversos lugares de un continuum: entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, entre el lenguaje técnico riguroso y su peligroso uso coloquial en las ciencias sociales, con el riesgo de incorporar los términos del lenguaje cotidiano, con toda su ambigüedad. Todo se describe, ya sea en su individualidad, como conjunto, o en sus relaciones con otros objetos. Dar cuenta de una percepción es describir, el lenguaje configura lo que se está viendo. No hay posibilidad de describir la pieza al margen de un discurso, sin una terminología. Cada uno de los dominios de la descripción arqueológica tiene su propia terminología y puede considerarse que constituye un subconjunto del lenguaje arqueológico: conocemos léxicos y tipologías para la cerámica, para los materiales líticos tallados, para los materiales tejidos, etc.

En tercer lugar, este lenguaje descriptivo se diferencia del lenguaje más abstracto, lógico, de las inferencias, que permiten dar cuenta de acontecimientos, actividades, acciones, conductas, culturas y otras síntesis más complejas, de las que no se tiene la percepción directa por haberse dado en el pasado. Pero en lo que hace al tema que estoy proponiendo, si no hay una descripción precisa del objeto, no sería posible inferir; de hecho, no sería posible percibir el objeto en cuando objeto de conocimiento arqueológico, que siempre implica una inferencia. Ya el propio reconocimiento de que es una piedra tallada, requiere una inferencia inicial (por ejemplo, las observaciones relativas a la fractura concoidal); a él se añade la necesidad de realizar otras descripciones más ricas, para poder inferir, por ejemplo, qué técnicas se aplicaron para producir la pieza, en qué pudo usarse, etc. Todas estas descripciones se usarán para para la reconstrucción de las formas de vida que dieron lugar a los objetos descriptos; para construir los mundos posibles arqueológicos del acontecer de las culturas. Pero en este trabajo, me detendré en las descripciones, que son como la armazón de cualquier razonamiento ulterior.

Por lo general, estas tres clases de discurso están presentes en cada escrito arqueológico, incluso en cada enunciado, y un estudio de los textos puede diferenciarlas, y contribuir al conocimiento de las características particulares de este lenguaje. Pero ello no implica un retorno y una permanencia junto a los textos teóricos, sino un adecuado apoyo en la materialidad de los datos (Hodder, 1996: 211 ), que en este caso, están constituidos por el lenguaje. Algo tan conocido en arqueología como la relación entre la observación y la inferencia, ha provocado, no obstante, escasos estudios relativos al efectivo uso del lenguaje sin el cual no existen descripción ni inferencia.

 

Y por último

¿Por qué tiene tanta importancia el lenguaje y el discurso? Considero, con Foucault (1969: 91-93) que no existe ni un tema ni una disciplina, sino estrategias discursivas que constituyen una disciplina como tal; la arqueología no es una entelequia, sino un modo particular de describir determinados objetos. Un geólogo y un arqueólogo pueden estar ante la misma piedra, pero tendrán estrategias de acceso diferentes. Esta diferencia respecto de las otras estrategias, construye el discurso arqueológico. La arqueología son los escritos, y las formaciones discursivas representan la coherencia con que cada uno de los arqueólogos da cuenta de lo arqueológico. Gardin, en su trabajo sobre la arqueología teórica (1979), al desarrollar el estudio de cada uno de los tipos de textos con los que se construye la arqueología, se preocupa por enfocar específicamente, en cada etapa de su escrito, los procesos discursivos o construcciones arqueológicas mediante los cuales se pasa de esa etapa a la siguiente, se trate de descripciones, explicaciones, inferencias, etc.

¿Y por qué, al mismo tiempo que el lenguaje y el discurso, tiene importancia el diccionario? Porque, como veremos, da cuenta del uso que los arqueólogos están haciendo de su lenguaje. Si los usos de los mismos términos tienen divergencias, si podemos hablar de más de una formación discursiva, podríamos hablar de varias arqueologías también.

Al producir un escrito científico, se genera una formación discursiva y ésta requiere regularidades (Foucault, 1969: 42-43), es decir, una constancia en el sentido de un término. Según cómo se usa un término en función del contexto, adquiere distintos sentidos y el conjunto de los sentidos constituye su significado. Al adquirir distinto significado, tal término se vuelve un elemento dificil de incluir en el mismo sistema, terminológico o conceptual y así se generan percepciones diferentes de un objeto, es decir, distintos referentes (Jackendoff, 1993: 56). Si la constancia en el sentido se quiebra, la formación discursiva se rompe y con ella, la coherencia y la racionalidad del escrito. Desde ese punto de vista conflictivo del objeto de conocimiento del análisis lítico, estas reflexiones intentan mostrar las dificultades que presenta coordinar los términos en un sistema global, coherente, lógico, o relativamente coherente y relativamente lógico, para que permitan una descripción unívoca del objeto que se está percibiendo. Para ello, se estudia la materia misma del discurso: los términos y sus relaciones contextuales en el enunciado.

 

Algunos ejemplos

Para mostrar cómo se abren los usos y cómo puede empezar a generarse problemas cuando hay variabilidad en el significado, he tomado algunos ejemplos (astilla, astillamiento, esquirla, lasca, lascado). Me limito a mostrar en ellos, las diferencias más generales, sin desglosar autores ni países.

He seleccionado, por un lado, términos que, tal como aparecen en el contexto del enunciado, se relacionan con: a) acciones que pueden considerarse técnicas, funcionales, naturales (astillamiento, lascado); b) elementos morfológicos de la pieza. producidos por alguna de esas acciones; a veces tienen el mismo nombre que las acciones (astillamiento, esquirla, lascado); c) objetos desprendidos en alguno de esos procesos (astilla, lasca). Los términos de acción implican inferencias; los que designan los rasgos de la pieza y los que designan los elementos desprendidos, implican observación, pero a partir de uno de esos elementos puede inferirse el otro.

Corpus

Bibliografía

Foucault, M. (1969) L'Archéologie du savoir, Paris: Gallimard.

Gardin, J.-C. (1979) Une archéologie théorique, Paris: Hachette.

Hodder, I. (1996) Theory and Practice in Archaeology, London: Routledge.

Jackendoff, R. (1993) Languages of the Mind. Essays on Mental Representation, Cambridge, Massachusetts: MIT

 

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